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Santander, a toda vela

Santander

Cantabria

La ciudad que gira en torno a su bahía

El paseo marítimo de Santander (Cantabria) ha incorporado atractivos suficientes para merecer una visita, sobre todo desde que su bahía, incluida en el Club de las más Bellas del Mundo, fuera sede del Mundial de Vela Olímpica en 2014. Esta ciudad, idónea para regalarse unos días de belleza paisajística, reposo frente al mar y buen comer, tiene el privilegio de contar con una de las últimas obras del arquitecto Renzo Piano: el Centro Botín. Y casi al otro extremo de su paseo marítimo, otra impresionante construcción: el Palacio de La Magdalena y su península de verde intenso bañada por el mar Cantábrico.

La Duna y el Centro Botín

Si hay algo que se percibe nada más llegar a Santander es que su bahía marca la vida de sus habitantes. La reestructuración del paseo marítimo ha originado modernas intervenciones como la Duna Escalonada. Diseñada por Alejandro Zaera, se trata de una grada/anfiteatro ideal para sentarse a contemplar la bahía y, de paso, las competiciones deportivas internacionales vinculadas al mar que acoge la ciudad o sus tradicionales traineras (modalidad de remo típica del norte de España). El Centro Botín, por su parte, representa una nueva era. Además de aportar un peso cultural importante a la ciudad, el edificio de Renzo Piano ha supuesto la modernización de toda la zona: Jardines de Pereda y alrededores de la Estación Marítima. Revestido con unos 270.000 discos de cerámica de nácar que reflejan la luz, el Centro Botín cuenta con dos salas de exposiciones, un auditorio, aulas formativas y una taberna de alta cocina.

Imágenes del Centro Botín

Playas especiales como El Puntal

Entre las virtudes de esta pequeña y tranquila ciudad está el buen número de playas de arena fina de calidad con las que cuenta. Además de El Sardinero, La Concha, Mataleñas, El Camello o Los Peligros hay una especial que los santanderinos se guardan un tanto para sí. Se trata de El Puntal, una especie de lengua de arena  al otro lado de la bahía a la que hay que llegar por mar (hay servicio de transporte cada 15 minutos en verano) o bien caminando desde la localidad vecina de Somo (a la que se puede llegar por mar o carretera). Si se da la casualidad de que la visita coincide con la entrada de un ferry procedente de Inglaterra en la bahía, bordeando la Isla de Mouro, con la Península de La Magdalena en segundo plano, el efecto óptico de casi tocar el buque con los dedos desde esta playa salvaje es un espectáculo. La recomendación: combinar un aperitivo al borde del mar con un paseo por cualquier playa de Santander para rozar la calma absoluta en esta localidad marinera del norte de España.   

Primera playa de El Sardinero, Santander

Del Barrio Pesquero a La Magdalena

Situarse en el barrio pesquero es adentrarse en una de las zonas más auténticas de la ciudad. Junto a las casas de marineros y los muelles donde cargan y descargan los barcos pesqueros es posible acercarse a la cocina más típica. La sencillez del entorno es compensada por los buenos pescados del día de la lonja o las raciones de rabas (calamar rebozado) que se pueden saborear allí. Y de lo cotidiano a lo señorial. El club marítimo, los yates de Puertochico, el mármol del Palacio de Festivales, el lujo del casino y, finalmente, la Península de La Magdalena. En lo alto de este bello espacio natural, que alberga leones marinos y ¡hasta pingüinos!, se alza un palacio de 1911 con mezcla de estilos inglés y francés que fue residencia de verano de la familia real española. Actualmente, además de acoger congresos, bodas y otras celebraciones, es sede de los populares cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Por esta institución académica desfilan cada verano destacados personajes internacionales del conocimiento y la política que revolucionan la vida cultural de Santander.

Palacio de La Magdalena, Santander

Acantilados y golf en Mataleñas

Además de tierra de poetas enamorados de su bahía (monumentos a José Hierro, Pick o José María de Pereda lo recuerdan), la ciudad mantiene un vínculo especial con deportes como el golf gracias a uno de los jugadores con mejor palmarés internacional, Severiano Ballesteros, natural de la cercana localidad de Pedreña. Los aficionados a este deporte pueden practicarlo en el idílico entorno de Mataleñas, donde además del campo de golf hay una sencilla senda que bordea los acantilados y culmina en el faro de Cabo Mayor. Allí nos espera una bella panorámica para guardar en la retina, que será soleada siempre que sople el viento de “nordeste” o, al menos, eso dicen…¡Suerte!

Playa y campo de golf de Mataleñas, Santander
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