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Tiendas y tabernas centenarias de Madrid

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Ocho testigos de la historia de la capital

Paseando por el centro de la capital más de uno se habrá encontrado con una placa de metal con dibujos de Mingote en la que puede leerse: “El Ayuntamiento de Madrid agradecido por los servicios a la Ciudad”. Es el reconocimiento que se otorga a los establecimientos que llevan ofreciendo sus servicios durante al menos 100 años. A estos negocios los años les sientan bien, han sobrevivido al paso del tiempo y las modas; son testigos de la historia y auténticas insignias de la capital. En las calles de la moderna, dinámica y cambiante Madrid, estos lugares se mantienen congelados en el tiempo.

  • Posada del Peine, Madrid

    Posada del Peine (1610). Calle Postas, 17

    El hotel más antiguo de Madrid y, probablemente, el más antiguo de España. Fue fundado en el siglo XVII para dar alojamiento a los huéspedes y forasteros que llegaban a la Corte, aprovechando su cercanía a la parada principal de las diligencias. Ha pasado por numerosas reformas y cambios de dueño, viviendo tiempos de esplendor y también de penurias y abandono.  En 2005 fue reabierto y convertido en un “petit palace”, un auténtico hotel con encanto en pleno centro de Madrid.

  • Restaurante Botín, Madrid

    Botin (1725). Calle Cuchilleros, 17

    Dicen que es el restaurante más antiguo del mundo y, hasta el momento, nadie ha demostrado lo contrario. Este hito le ha hecho ganarse un hueco en el libro Guiness, en el que también se relata que hacia el 1765 Francisco de Goya trabajó en este mismo lugar como lavaplatos. Este local fue fundado por un cocinero francés, Jean Botin, y su esposa asturiana, más tarde lo heredó un sobrino de esta y actualmente está regentado por la cuarta generación del linaje familiar. Con sus cuatro plantas, aún conserva el ambiente de la posada original y su horno de leña, en el que se siguen asando cochinillos y corderos que son la delicia de sus comensales.

  • Restaurante Lhardy, Madrid

    Lhardy (1839). Carrera de San Jerónimo, 8

    Abrió en 1893 como pastelería y poco después se convirtió en uno de los primeros restaurantes elegantes de Madrid. En sus salones se reunían políticos e intelectuales, convirtiéndolo en uno de los restaurantes más citado de la literatura española. Traspasar su fachada de madera caoba es hacer un viaje en el tiempo hasta 1880, cuando el decorador Rafael Guerrero se hizo cargo de su interior, dándole un toque imperial que aún conserva hoy.

  • Guitarra española

    Guitarras Ramírez (1882). Calle La Paz, 8

    Esta tienda fue fundada por José Ramírez de Galarreta y Planell, uno de los maestros guitarreros más destacados de su tiempo y precursor de la llamada Escuela de Madrid de Constructores de Guitarra. Sus descendientes continúan con el negocio, que va por la quinta generación. Este taller, que aún conserva su aspecto original, alcanzó la fama por inventar las llamadas “guitarras de tablao”, que era capaces de suplir los problemas que tenían los guitarristas flamencos para proyectar el sonido.

  • Fachada de Café Gijón, Madrid

    Café Gijón (1888). Calle Recoletos, 21

    Cuando el asturiano Gurmesindo Gómez regresó de Cuba se instaló en Madrid y fundó un café al que bautizó “Gran Café Gijón”, en honor a su ciudad natal. Este se acabó convirtiendo en el último café literario de la capital, por sus salones han desfilado personalidades como Pío Baroja, Fernando Fernán Gómez, Francisco Umbral o Camilo José Cela y sus tertulias le han convertido en un referente y símbolo para escritores e intelectuales.

  • Hotel Ritz, Madrid

    Hotel Ritz (1910). Plaza de la Lealtad, 5

    El entonces monarca español, Alfonso XIII, mandó construir el Ritz a sabiendas que Madrid no podría convertirse en una gran capital europea sin un hotel de lujo de referencia mundial. Este sinónimo de sofisticación aristocrática fue construido por el arquitecto español Luis Landecho siguiendo el estilo de la Belle Époque. Desde su inauguración, por sus habitaciones han pasado reyes, presidentes, magnates, estrellas de cine e infinidad de personalidades que lo han convertido en un símbolo histórico de la exclusividad. Actualmente está cerrado, en proceso de restauración.

  • Caramelos Violeta, Madrid

    La violeta (1915). Plaza de Canalejas, 6

    Esta bombonería de tradición familiar debe su nombre a sus famosos caramelos hechos con esencia de violeta, considerados unos de los más típicos de Madrid. Tal era su fama que la rumorología de la época contaba que el rey Alfonso XIII solía regalárselos a sus amantes. Además de estos archiconocidos dulces, también son apreciados sus violetas naturales escarchadas, sus caramelos surtidos y  sus bombones de chocolate, todos creados de forma artesanal. La Violeta refleja tradición con su portada de madera, sus escaparates curvos de cristal, sus aparadores y expositores clásicos y la impresionante lámpara de araña que ilumina su interior.

  • Tienda Loewe, Gran Vía, Madrid

    Loewe (1939). Calle Gran Vía, 8

    La mítica firma de moda comenzó su andadura en Madrid. El artesano alemán Enrique Loewe Roessberg instaló su pequeño taller de marroquinería en la calle Lobo, la que hoy es calle Echegaray.  Tras pasar por varios locales de la zona y ser nombrado “Proveedor de la Casa Real” en 1905, acabó por asentarse en el número 8 de Gran Vía. Hoy en día, la tienda es una de las más conocidas de este referente del lujo con sello español y aún sigue recordando los primeros pasos de Loewe conservando su estética y arquitectura original.

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