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Parques de Canarias, paraísos de la flora y la fauna endémicas




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Canarias

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Obra y gracia de la Evolución, cada isla canaria atesora celosamente animales y plantas exclusivos tan valiosos para la ciencia que cautivarían al propio Darwin.

Son el elemento más destacado de la exuberante naturaleza canaria. Son cuatro los parques nacionales declarados y cada uno tiene su razón de ser. Cada cual, por separado, tiene sus joyas biológicas exclusivas, sus tesoros naturales, todo ello encerrado en un determinado ecosistema. Así, la alta montaña y sus cañadas se amparan en el parque nacional de las Cañadas del Teide, en la isla de Tenerife. El desierto, puro y duro, en este caso de origen volcánico, se salvaguarda en Timanfaya, a su vez ubicado en Lanzarote. La fronda más impenetrable, una selva a la sazón, da sentido a Garajonay, en la isla de La Gomera, con su célebre laurisilva. Lo mismo ocurre en la Caldera de Taburiente de la isla de la Palma, que protege un paisaje agreste donde los haya en el que se conjugan profundos barrancos con las masas más espesas de pino canario, una especie arbórea endémica de este paraíso insular.

En Canarias, las referidas exclusividades se traducen en eso que los científicos llaman endemismos, que aquí, en Canarias se presentan con tanta frecuencia como en las más altas cumbres europeas. Y no hace falta recurrir a la célebre teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin para explicar su existencia. Todo se debe al aislamiento geográfico secular, a la evolución sufrida a lo largo de cientos de miles de años por todos los seres vivos encerrados en ese espacio concreto. Así les ha ocurrido a muchas especies de plantas sin capacidad para transportar sus semillas a larga distancia, y también a animales incapaces de trasladarse de una isla a otra. Mamíferos terrestres, anfibios y reptiles han sido, lógicamente, las “víctimas” de este confinamiento forzoso.

De este modo, en el primero de los parques citados, en las Cañadas del Teide, de las 139 especies de plantas catalogadas, nada menos que 50 son endémicas del archipiélago y 15 exclusivas del parque. Entre ellas figuran la violeta, la margarita y el alhelí, las tres con el apellido del Teide para refrendar su condición local. En Timanfaya se han censado 240 plantas, con endemismos como el tojío, la lengua de vaca, el verol dulce y el porro. Garajonay encierra en su laurisilva, en sus brezales y en sus roques otro importante grupo de especies, destacando el taginaste azul, la tabaiba de monte, la pelotilla y la bea. Los barrancos de la Caldera de Taburiente, por su parte, cuentan con la rara violeta de la Palma y la jara, conocida como amagante, entre otras muchas especies.

La fauna canaria presenta tantos más endemismos cuanto menor es su tamaño, por lo que son los insectos el grupo más beneficiado en ese sentido. Le siguen los reptiles, hasta el punto de que existen lagartos y perenquenes exclusivos de cada isla, aunque algunos científicos les siguen asignando la categoría de subespecie. Las aves cuentan con unas pocas especies, entre ellas el vistoso pinzón del Teide y dos palomas, la turqué y la rabiche, y con numerosas subespecies propias, desde alimoches o guirres, a diminutos pajarillos insectívoros como el reyezuelo, pasando por cernícalos, picapinos y córvidos. Del grupo de los mamíferos, finalmente, sólo figuran la musaraña canaria y varios murciélagos.

La importancia biológica y ecológica de la flora y la fauna endémicas va más allá de ser un simple adorno en el paisaje. Lo cierto es que intervienen en las cadenas tróficas y hacen posible que fluya la vida en los ecosistemas. Para los científicos el asunto tiene un punto de vista todavía más amplio, que se traduce en términos de riqueza de vida en la Tierra, en eso de la traída y llevada biodiversidad, algo que redunda en las expectativas de vida del propio ser humano.





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