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El exclusivo universo de las plantas custodiado en los jardines botánicos de España invita a realizar un viaje único por la flora más apasionante y variada del mundo. Su emplazamiento en ciudades como Madrid, Barcelona, Málaga, Valencia, Córdoba, Tenerife… hace de los jardines botánicos una propuesta alternativa, de gran calidad, para cualquier viajero exigente.

Concebidos como lugares de experimentación y aprendizaje, los jardines botánicos de España se convierten en espacios idóneos para los niños y jóvenes, pues invitan a participar en las numerosas actividades encaminadas a fomentar el conocimiento y el respeto por el medio ambiente y a descubrir un entorno vegetal inigualable gracias a la riqueza del patrimonio vegetal español, caracterizado por su abundancia y variedad, motivadas por las condiciones climatológicas que permiten la adaptación de numerosas plantas procedentes de los cinco continentes.

La tradición botánica es muy importante en nuestro país, que ya contaba desde muy antiguo con jardines de yerbas y de plantas medicinales propicios para el estudio y la experimentación. La expansión española trajo consigo la posibilidad de conocer la flora de los territorios descubiertos por los navegantes, surgiendo así numerosos estudiosos del reino vegetal y la adaptación de un mundo sin precedentes en Europa.

El actual Real Jardín Botánico de Madrid fue mandado trasladar desde su antigua ubicación en la Huerta de Migas Calientes por Carlos III e inaugurado en 1781 en el paseo del Prado según planos de Francisco Sabatini, que diseñó un sobrio y geométrico jardín de concepción neoclásica para atender las necesidades científicas de los botánicos. El célebre Juan de Villanueva terminó el diseño de esta joya vegetal que recogió numerosas especies desconocidas procedentes de las expediciones científicas a la América hispana.

La suavidad del clima canario estimuló la creación del Jardín de Aclimatación de la Orotava (Puerto de la Cruz, Tenerife), donde crecen más de 2.000 especies, muchas llegadas de países tropicales, y una espectacular colección de palmeras. Por su situación geográfica, este jardín ofrece a los visitantes de las islas la posibilidad de contemplar ejemplares únicos en Europa.

Durante el siglo XIX se desarrollan espectacularmente los estudios botánicos y surgen colecciones privadas de plantas que conforman pequeños jardines botánicos. Algunos de ellos sobreviven en la actualidad conformando bellos espacios para el conocimiento y el recreo. Es el caso de Mar i Murtra, que se extiende por 15 hectáreas de los acantilados de Blanes, entre Barcelona y Girona; el jardín de la Concepción, en Málaga, cuyos románticos paseos están constituidos por una flora procedente de América, Filipinas y Australia; La Saleta, en Galicia; Cap Roig en la Costa Brava o S`Avall en Mallorca.

Uno de los acontecimientos relevantes del siglo XIX fue la creación del Jardín Botánico de Valencia. Inaugurado en 1802, se ha convertido en la actualidad en un museo viviente con 30.000 plantas de la flora mediterránea. Plantas del desierto, medicinales y carnívoras enriquecen sus colecciones, entre las que destacan las palmeras.

La iniciativa privada prosigue en el siglo XX con la apertura del Jardín Botánico Viera y Clavijo, de Gran Canaria. Desde su inauguración en el 1959, conserva numerosos ejemplos de la flora canaria que cuenta con cerca de 500 endemismos isleños, algunos supervivientes únicos de anteriores eras geológicas. En sus 27 hectáreas están representadas todas las zonas vegetales de las Islas Afortunadas. También en Canarias destaca el Jardín de Cactus de Lanzarote, que, ideado por el arquitecto César Manrique, es un magnífico ejemplo de integración con la naturaleza. En sus 5.000 metros cuadrados, se encuentran especies de lugares tan diversos como Perú, México, Chile, Estados Unidos, Kenia, Tanzania, Madagascar, Marruecos y Canarias.

La creación de jardines botánicos ha continuado hasta nuestros días, con tres realizaciones que atienden a los adelantos científicos y técnicos de la ciencia botánica: el Jardín Botánico de Córdoba, inaugurado en 1987; el Real Jardín Botánico Juan Carlos I de Alcalá de Henares, que se ha convertido en un referente imprescindible para el estudio y la conservación de la flora de la región de Madrid y de Castilla-La Mancha, de las que ha consolidado un Banco de Germoplasma; y el Jardín Botánico de Barcelona que, situado en el Parc de Montjuïc, propuso desde su apertura en 1999 una concepción innovadora. Lejos de ofrecer colecciones de ejemplares únicos, pretende representar ecosistemas naturales. En él se puede dar una vuelta al mundo a través de las zonas que poseen un clima mediterráneo, desde el Hemisferio Norte, partiendo de la cuenca mediterránea, para seguir hasta las costas californianas. Después, en el Hemisferio Sur, se visitan la región mediterránea de Chile, de Sudáfrica y de las dos regiones australianas.

España es pionera en la incorporación de los jardines botánicos a la vida diaria de sus habitantes como hizo en Sevilla con motivo de la Expo92, o con el jardín tropical de la estación de Atocha (Madrid) que, con 7.000 plantas de las más diferentes especies tropicales, consigue detener el tiempo por un instante.





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