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Conocer el mudéjar es un motivo de visita obligada para sentir España, admirar su apasionante historia y disfrutar la diversidad de su cultura. Arte único en el mundo y símbolo de convivencia entre los pueblos, fusiona lo mejor de las tradiciones árabe y cristiana. Sus bellísimos edificios civiles y religiosos han sido declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Arte mestizo por excelencia, los orígenes del mudéjar se remontan al siglo XI. El avance de los ejércitos cristianos para reconquistar las tierras ocupadas por los árabes permite a muchos maestros musulmanes permanecer en sus casas y trabajar para los reyes y señores de Castilla y Aragón. El resultado es un nuevo estilo arquitectónico, genuinamente español, cuya fuerte personalidad impresiona y deleita a estudiosos y turistas.

En España quedan en pie numerosos edificios mudéjares de diferentes tipologías religiosas y civiles, capillas cristianas, sinagogas judías y palacios reales, que integran elementos románicos y góticos en el diseño de las plantas, con los rasgos típicos del arte andalusí como arcos de medio punto, frisos y techumbres de madera y, sobre todo, el ladrillo, el yeso y la cerámica como material de construcción, en lugar de la piedra.

A pesar de su extensión por la práctica totalidad de la geografía española, tres son los núcleos fundamentales en los que el turista puede admirar los más bellos ejemplares del mudéjar: Aragón, Castilla y León y la ciudad de Toledo.

Aragón, especialmente, se enorgullece de su arquitectura mudéjar. Varios de sus edificios construidos entre los siglos XI y XIV forman parte del Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO: por ejemplo, la colegiata de Santa María, en Calatayud; la iglesia-fortaleza de Santa Tecla, en Cervera de la Cañada; la iglesia de Santa María en Tobed; y, ya en Zaragoza, el Palacio de la Aljafería, la iglesia parroquial de San Pablo, y La Seo.

Con anterioridad, en 1986 la UNESCO había declarado ya Patrimonio de la Humanidad a las espléndidas torres de San Pedro, San Salvador y San Martín y la torre, techumbre y cimborrio de la catedral, todas en la ciudad de Teruel, considerada como la capital del mudéjar aragonés.

Menor influencia andalusí, pero no por ello menos espectacular, es el mudéjar de Castilla y León, comunidad donde la visita a Sahagún (León) es cita obligada por ser uno de los núcleos pioneros de este arte y en el que se pueden admirar las iglesias de San Lorenzo y San Tirso. La ciudad de Toro (Zamora); el Castillo de Coca en Segovia y la iglesia de la Lugareja en Arévalo (Ávila) son otros referentes del mudéjar castellanoleonés, sin olvidar a Valladolid, provincia que cuenta con monumentos como el Palacio Real de Tordesillas o la iglesia de San Pablo en Peñafiel y un Parque Temático del Mudéjar ubicado en la ciudad de Olmedo, que ofrece al visitante réplicas exactas y a escala de los edificios mudéjares más emblemáticos de Castilla y León.

Toledo es el tercer gran foco del mudéjar, estilo que está presente en numerosas obras de la arquitectura civil, como el Taller del Moro; la arquitectura militar, como la puerta del Sol; y, por supuesto, la arquitectura religiosa como la parroquia de Santiago del Arrabal. Además, el gótico-mudéjar está maravillosamente representado en dos sinagogas que funden la herencia cristiana y árabe con la judía. Se trata de Santa María la Blanca (siglo XIII) y la sinagoga del Tránsito (siglo XIV), donde se ha instalado el museo Sefardí.





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