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Arte prerrománico asturiano, vanguardia arquitectónica de su tiempo




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Comunidade autónoma:
Asturias

Asturias


El reino de Asturias, atrapado durante los siglos VIII al X entre el mar Cantábrico por el norte y la dominación árabe por el sur, fue capaz de autoafirmarse erigiendo una serie de templos que, aunando influencias romanas, carolingias, bizantinas y mozárabes, constituyeron una auténtica vanguardia arquitectónica de su tiempo.
Recorrer los principales edificios de este periodo nos permitirá conocer algunos de los rincones más hermosos del Principado de Asturias, desde la capital, Oviedo, hasta sus valles más escondidos. La UNESCO ha reconocido el valor del arte prerrománico asturiano al declararlo en 1985 Patrimonio de la Humanidad.

En el conjunto de edificios catedralicios de la ciudad de Oviedo se encuentra la llamada Cámara Santa (siglo IX) que formara parte originalmente del palacio de Alfonso II el Casto (792-842). Consta de cripta y una capilla superior, y fue reformada en el siglo XII.

También en Oviedo y procedente del mismo reinado, de la iglesia de San Tirso el Real sólo queda visible la parte superior del ábside central, con un vano de tres arcos entre columnas terminadas en arcos de medio punto, capiteles y bases de tipo tardorromano, enmarcados por un alfiz. Y poco más allá, la fuente de La Foncalada, que data del reinado de Alfonso III el Magno (866-910), y la iglesia de San Julián de los Prados, proveniente también del reinado de Alfonso II, el mayor templo prerrománico de España, con evidentes influencias romanas tanto en su traza como en la decoración interior de frescos.

En los alrededores de Oviedo, encaramadas en una ladera del monte Naranco y dominando la capital, se encuentran los edificios de Santa María del Naranco y de San Miguel de Lillo, los primeros en utilizar la bóveda de cañón en las naves. Santa María fue concebida originalmente como palacio de verano del monarca Ramiro I y más tarde transformada en iglesia. De planta rectangular y dos alturas, destacan sus bóvedas, perfectamente alineadas, y las columnas sogueadas con capiteles, así como el airoso juego de contrafuertes de los muros.

Por su parte, de San Miguel de Lillo sólo se conserva una tercera parte de su estructura original, en la que destacan los capiteles y celosías, así como las jambas con escenas circenses de inspiración romana, algo realmente inusual en la arquitectura religiosa de la época.

Camino de Galicia, la iglesia de Santo Adriano de Tuñón, de finales del siglo IX, consta de tres naves con ábsides y techumbre de madera a dos vertientes. Destacan las pinturas murales de su interior. Por su parte, en Pravia se alza la basílica de San Juan de Santianes, datada del periodo del rey Silo (774-783); lo que la convierte en el edificio más antiguo del prerrománico asturiano. Consta de tres naves separadas por pilares, cabecera cuadrada con dos sacristías laterales y nártex a los pies.

La iglesia de San Salvador de Valdediós, llamada cariñosamente por los asturianos “el Conventín”, es posiblemente la obra más acabada de la época de Alfonso III el Magno, que la abrió al culto en el 891. Posee la originalidad de añadir a la tradición arquitectónica anterior unas claras influencias mozárabes, que se aprecian sobre todo en los arcos de herradura. Son muy interesantes las pinturas murales del interior.

En Lena se alza, en medio de un sobrecogedor paisaje de valles y montañas, la iglesia de Santa Cristina, una de las mejores creaciones del arte ramirense, cuyo elemento más notable es el iconostasio, una pantalla de piedra primorosamente tallada a base de arcos y celosías que separa, siguiendo la tradición bizantina, a los fieles de los sacerdotes. La contemplación de la iglesia, humilde pero bellísima, perdida en el verdor del paisaje, es imposible que no nos lleve al recogimiento y la reflexión. Es imposible no pensar en el peculiar surgimiento de la dinastía astur en el siglo VIII, coincidiendo con el avance avasallador del Islam en la Península, y del sueño del visionario monarca Alfonso II, que creyó en la posibilidad de recuperar, algún día, la capital del reino visigodo, Toledo.





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