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Aranjuez


Un paseo evocador por los Jardines de Aranjuez




Localización

Comunidad autónoma:
Madrid

Provincia/Isla:
Madrid

Madrid


Lugar de ocio de los reyes y fuente de inspiración para artistas, los Jardines de Aranjuez constituyen un inmenso espacio en el que arte y naturaleza se fusionan en un armonioso paisaje. Al sur de Madrid, este evocador paraje, plagado de fuentes, esculturas y árboles centenarios nos transmite el esplendor de la monarquía española.

Situada en la fértil vega del río Tajo, y a menos de una hora de Madrid, se encuentra Aranjuez, lugar de descanso y recreo de la monarquía y la Corte española durante los siglos XVII y XVIII, cuyo paisaje cultural ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pasear por esta Real Villa permite deleitarse con joyas monumentales como el Palacio Real y los jardines circundantes, como el jardín del Príncipe, el de la Isla y el del Parterre, que conforman un entramado de ensueño cuya belleza ha sido fuente de inspiración de artistas universales, como el maestro Joaquín Rodrigo, quizás la figura que mejor ha sabido interpretar las emociones que evoca el lugar en su famoso Concierto de Aranjuez.

Junto al Palacio, y rodeado por la placidez de las aguas del Tajo, se extiende el Jardín de la Isla, considerado como el más importante y característico de la época de los Austrias (siglo XVI). Ninfas de mármol blanco adornan la escalinata por la que se accede a este fresco vergel, donde la reina Isabel II acostumbraba a pasear. Al despliegue de olores que desprende el boj y que impregna los senderos dispuestos en cuadrícula, le acompaña el rumor, saltarín y constante, de las fuentes y los pequeños saltos de agua. Un paseo por este jardín invita a perderse por los íntimos rincones ornamentados con esculturas mitológicas que embellecen todavía más esta sugerente isla.

Una pequeña puerta enrejada introduce al visitante en el Jardín del Parterre, ubicado delante de la fachada del Palacio, y abre ante sus ojos un sinfín de caminos enmarcados por setos recortados en equilibrio geométrico, según cánones franceses de la época. Los senderos que recorren este espacio de recreo, testigos mudos de las correrías y los entresijos de los pasados monarcas, se adornan con jarrones de mármol, flores de vivos colores y hermosas fuentes, como la de Hércules y la de Ceres, alegóricas de la cultura clásica.

Para sosegar el espíritu, nada mejor que pasear por el Jardín del Príncipe, especialmente en el otoño, cuando el suelo de sus espaciosos senderos se asemeja a una alfombra de hojas en tonalidades amarillas y ocres. Sus ciento cincuenta hectáreas son un paraíso de tranquilidad, diseñadas según la moda inglesa del XVIII, y conforman un paisaje sereno acompañado en todo momento por el rumor del Tajo. Este jardín cuenta con enormes espacios dedicados a las cacerías, que contrastan con los recoletos cenadores, que invitan al aislamiento y a la reflexión, acompañada por los cantos de mirlos y faisanes. Una gran variedad de árboles, fuentes, estanques y monumentos arquitectónicos como la Casa del Labrador, son otros de los muchos secretos que esconde este sorprendente, sugerente y extenso jardín.

Recorrer el trayecto, desde mayo hasta octubre, que une Madrid con el Real Sitio de Aranjuez, a bordo del Tren de la Fresa, ferrocarril de época, es un complemento de indudable belleza que hará aún más atractiva la visita al lugar.