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Localización

Comunidad autónoma:
Castilla y León

Provincia/Isla:
Segovia

Segovia


A poco más de una hora de Madrid, encontrará un paisaje imposible de creer: las Hoces del Duratón. Recorrer las aguas tranquilas de esta profunda garganta formada por el río es una experiencia que no se querrá perder, no sólo por su excepcional belleza, también por el gran valor ecológico que encierra, ya que es una de las mayores zonas de cría de aves rapaces de Europa.

Cerca de Madrid, a sólo una hora y veinte minutos de camino, se encuentra el Parque Natural de las Hoces del río Duratón, en la provincia de Segovia. Durante miles de años, el curso del río ha formado un impresionante cañón, dibujando un entorno único compuesto de pronunciadas curvas, enormes barrancos y paredes que incluso superan los 100 metros de altura en algunos puntos. El fascinante contraste entre el color ocre de la roca caliza y el verde de la vegetación ribereña es sólo uno de sus atractivos. Y es que este espacio es una importante reserva medioambiental de aves rapaces, además de una de las zonas de cría más grandes de Europa. Deje que las aguas mansas del Duratón le guíen en esta agradable aventura, mientras le descubre una joya natural, llena de magia y misterio.

La entrada al Parque Natural está en Sepúlveda, a donde puede llegar cogiendo un autobús que parte desde Madrid o Segovia, todas las semanas de lunes a sábado. Una vez allí, lo mejor es acudir a Oficina de Turismo, donde le informarán de las empresas que organizan los paseos en barca, que se encuentran en la cercana localidad de Sebúlcor, ya que es ahí donde se inicia el tramo navegable del río. Hay 15 kilómetros de distancia hasta Sepúlveda, pero no se preocupe si no dispone de coche propio para desplazarse: puede avisar a la empresa por teléfono y ellos le recogerán para trasladarle al punto de reunión en Sebúlcor. Tras formarse los grupos reducidos y explicar brevemente cómo se maneja la canoa, los monitores le llevarán en coche hasta el embarcadero y, entonces, empezará la aventura.

El trayecto dura aproximadamente tres horas y media y, a lo largo de los 25 kilómetros de sinuoso recorrido, se realizan distintas paradas en los puntos más interesantes que aprovechará el monitor para explicar su historia, su leyenda o sus datos más característicos. Durante el tranquilo paseo podrá admirar la abundante vegetación, las espectaculares paredes rocosas, los restos del Monasterio de la Hoz, del siglo XIII, o el majestuoso vuelo de las aves rapaces. Entre otras muchas especies, es posible avistar buitres leonados, águilas reales o halcones peregrinos.

Tras una parada para subir caminando hasta la ermita románica de San Frutos, del siglo XII, se vuelve navegando hasta el embarcadero que fue el punto de partida, donde finalizará el viaje. Un último consejo: no olvide ir preparado, conviene que lleve agua, algo de comida, ropa cómoda, y unos calcetines y zapatos de repuesto; y en los meses calurosos, toalla, bañador y camiseta por si apetece darse un chapuzón. Viva en pleno contacto con la naturaleza esta experiencia única, disfrutando de la enorme belleza y grandiosidad que encierra este paisaje.




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