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Oviedo


El parque de San Francisco, un vergel en Oviedo




Localización

Comunidad autónoma:
Asturias

Provincia/Isla:
Asturias

Asturias


En pleno centro de Oviedo se encuentra el parque de San Francisco. Un jardín de amplios paseos, senderos recoletos y bellos monumentos que es posible disfrutar entre el perfume de las plantas, el sonido de las fuentes y en compañía de simpáticos pavos reales que, en libertad, guían al visitante en su recorrido.

Este antiguo huerto del Convento de San Francisco se convirtió, en el siglo XIX, en un gran jardín de 90.000 metros cuadrados en pleno casco urbano de Oviedo. Adentrarse en este parque supone acercarse a otro mundo, un paraíso en forma de hojas, flores, ramas y árboles, con una gran diversidad de flora.

Para sentir el lugar hay que recorrer los senderos que lo atraviesan y, sin prisa, contemplar todo lo que surge a lo largo del camino. Sólo así es posible hallar los rincones mágicos que se ocultan entre la frondosa arboleda, las sinuosas sendas y las grandes avenidas, iluminadas por farolas cuando empieza a caer el sol. Entre plátanos, robles, negrillos y castaños aguardan multitud de monumentos, estatuas y arcos, entre los que destacan la portada románica de la antigua iglesia de San Isidoro, el canapé neoclásico de la Silla del Rey, del siglo XVIII, o la obra dedicada al genial escritor ovetense Leopoldo Alas Clarín.

Acercarse a La Rosaleda, con su explosión de colores en primavera, escuchar el agua que brota de la fuente del Angelín, o tomar aliento en el rincón del Lago de Covadonga supone aislarse en el tiempo. La imaginación traslada al paseante a épocas pasadas, a aquellos años de carruajes tirados por caballos, de duelos al amanecer y de tiempos en los que se vestía capa y sombrero.

Los pavos reales caminan a sus anchas por el parque y acompañan al visitante durante todo el camino. Contemplar sus alas desplegadas, plagadas de colores y tonalidades, resulta un espectáculo visual impresionante. No son los únicos animales que viven en este espacio natural urbano. Patos y cisnes reposan en el estanque, mientras los pájaros revolotean entre las copas de los árboles y hasta un búho, esquivo y misterioso, hace de guardián improvisado por las noches.

Le proponemos recorrer el paseo de los Curas o el del Bombé, con las fuentes de las Ranas y la Fuentona, respirar la paz que desprende el paseo de la Herradura, o disfrutar del paseo de los Álamos, con la concurrida Feria del Libro durante la primavera. Aunque es en otoño cuando el parque de San Francisco adquiere su máximo esplendor y el lugar se tiñe de colores imposibles, con hermosos tonos ocres y dorados que llenan el recinto de nostalgia y olor a humedad.

Al abandonar el bosque aguarda Oviedo, la capital de Asturias, una hermosa ciudad con un casco histórico peatonal del que sobresale la catedral, con su imponente torre gótica. Perderse por sus calles estrechas y bulliciosas, contemplar los templos prerrománicos como los de Santa María del Naranco o el de San Miguel de Lillo, declarados Patrimonio de la Humanidad, y admirar sus edificios señoriales como el Ayuntamiento, el Palacio de Camposagrado, el Palacio del Conde de Toreno o la hermosa Universidad son rutas de obligado recorrido. Y, por supuesto, debe hacerse un alto en el camino para degustar cualquiera de los platos que le ofrece la rica gastronomía asturiana, con manjares como el queso de Cabrales, la fabada, el pote asturiano o la exquisita sidra, entre muchos otros.




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