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César Manrique o la adaptación a la naturaleza




Localización

Comunidad autónoma:
Canarias

Provincia/Isla:
Lanzarote

Lanzarote


César Manrique consiguió cincelar sobre el entorno natural una obra en perfecta simbiosis y equilibrio con el escenario en el que trabajaba. Interpretó como nadie la belleza y el valor del espacio que le envolvía, y plasmó en él su genial imaginación. Su legado se esparce por toda España, y su prestigio traspasó fronteras, pero, sin duda, es en su isla natal, Lanzarote, donde Manrique logró manifestar en mayor medida su amor por el paisaje, hasta tal punto que ha llegado a decirse que la mejor obra de Manrique es Lanzarote.

Es incuestionable que Lanzarote no puede concebirse sin la aportación de César Manrique. El artista se sentía fascinado por la singularidad del paisaje volcánico lanzaroteño, el mismo que otros consideraban desértico, árido e inhóspito; para él, esa naturaleza volcánica era sinónimo de belleza, y desde el respeto, la admiración y la gratitud hacia ese entorno en el que había crecido, elaboró su trabajo.

Pero, ¿cómo puede definirse su trabajo? Resulta difícil dar respuesta a esta pregunta, y más aún encorsetar la obra de Manrique dentro de corrientes artísticas e incluso de técnicas empleadas. Aunque él se definía a sí mismo como un pintor, lo cierto es que Manrique fue igualmente escultor, arquitecto, urbanista, paisajista…y también ecologista y conservador de monumentos. Manrique fue todo esto, y esto es lo que pone de manifiesto en toda su labor.

Su primera obra en Lanzarote, y quizás la más espectacular, fue la gruta de los Jameos del Agua, con la creación de un auditorio natural perfectamente integrado en una caprichosa formación volcánica. Su belleza, sus contrastes de luz y colores… la convierten en un trabajo universalmente admirado. Esta obra puede resumir en gran medida lo que Manrique realizó durante toda su vida: composición de espacios en los que la aportación humana quedara armoniosamente integrada con el entorno natural, ensalzando su belleza y sus valores.

El mirador del Río es otra de sus actuaciones en Lanzarote, magistralmente integrado en los acantilados del norte de la isla. Su propia casa, en el Taro de Tahiche, es quizás la obra que mejor representa los ideales personales y artísticos de Manrique: expresa su anhelo de vivir con la lava, consiguiendo un ejemplo excepcional de integración de una vivienda en la naturaleza y configurando un oasis en medio de un río de lava azul-negra.

En la actualidad la casa es sede de la Fundación César Manrique, una institución creada en 1992 con voluntad de promocionar el estudio y la difusión de la obra de Manrique, así como la actividad artística y cultural que favorezca el respeto al medio natural. El edificio fue construido en 1968 sobre una colada lávica, y aprovecha, en el nivel inferior, la formación natural de cinco burbujas volcánicas para configurar un espacio habitable sorprendente; el nivel superior y el exterior de la casa están inspirados en la arquitectura tradicional de la isla.

El monumento al Campesino, el jardín de cactus… son otras de las obras que pueden visitarse en Lanzarote. Pero Manrique también dejó un importante legado fuera de su isla natal. De entre sus trabajos espaciales destacan el espectacular mirador de La Peña (El Hierro), el mirador de Palmarejo (La Gomera), el Parque Marítimo de Puerto de la Cruz y Playa Jardín (Tenerife), el Centro Comercial La Vaguada (Madrid) y el amplio Parque Marítimo del Mediterráneo (Ceuta). Son todas ellas creaciones de espacios públicos, trabajos de arquitectura y urbanismo, aunque siempre se le criticó que no tuviera unos conocimientos precisos de arquitectura. Manrique no debatió nunca esta crítica y se limitó a afirmar que él era un artista y se expresaba en cada momento con los medios que creía oportunos. Lo cierto, en cualquier caso, es que todas estas obras citadas constituyen unos trabajos verdaderamente singulares donde el entorno natural es el principal protagonista.

En definitiva, para César Manrique la naturaleza no fue sólo la referencia fundamental para su creación artística, sino también para su vida. No creó en la naturaleza, sino que creó con ella, y su relación con el entorno no fue simplemente estética sino de un verdadero y ejemplar compromiso con la defensa del medio ambiente. No hay otro artista español cuya obra esté tan íntimamente relacionada con la naturaleza.





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