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Localización

Comunidad Autónoma:
País Vasco

Provincia/Isla:
Bizkaia

Bizkaia


Si queremos aprovechar dos días para conocer una de las ciudades más vanguardistas de Europa, viajar a Bilbao, al norte de España, es un plan perfecto. En ella encontraremos edificios con estructuras increíbles realizados por arquitectos de todo el mundo como el Museo Guggenheim Bilbao. ¿Otro aliciente? Degustaremos una de las gastronomías más deliciosas del país.



Día 1: Por el Bilbao más rompedor

Para conocer el Bilbao más moderno, lo mejor es comenzar por la zona de Abando. Salimos del Paseo del Arenal (que parte del Casco Viejo y donde encontramos una oficina de turismo) hasta llegar al elegante Ayuntamiento. Es el momento de hacer la primera foto, pues la perspectiva que obtenemos de este edificio, de la escultura que se sitúa frente a él y de la ría de la ciudad es impresionante. Desde las alturas Continuamos por el Paseo Campo Volantín en un agradable recorrido junto a la ría. Rodeados por pequeños palacetes llegamos al Puente de Zubizuri, que construido por Santiago Calatrava, nos llamará la atención por su forma de velero con suelo de cristal. Antes de atravesarlo para pasar al otro lado de la ría, nos disponemos a subir al Funicular de Artxanda. Para ello, nos dirigimos hacia la derecha por la calle de Múgica y Butrón hasta llegar al funicular. Montarse en este medio de transporte resulta muy divertido y en pocos minutos, nos deja en un mirador a más de 800 metros de altura. Desde allí obtenemos una impresionante vista de la ciudad y de la desembocadura de la ría. Además encontramos varios restaurantes donde tomar un café o el típico aperitivo español de media mañana. Arquitectura innovadora… también en la cocina Bajamos en el funicular teniendo todavía en nuestra mente la bonita visión de Bilbao y cruzamos, esta vez sí, la pasarela de Calatrava. Si avanzamos por el Paseo Uribitarte llegamos a la joya de la corona: el deslumbrante Museo Guggenheim Bilbao, del prestigioso arquitecto Frank Ghery y el símbolo de la ciudad, como si se tratara de un barco futurista varado en la ría. Nos parecerá estar en un mundo mágico cuando la escultura de una araña enorme nos reciba frente al museo o cuando veamos múltiples colores reflejados en sus placas de titanio, el material del que está hecho. Un verdadero espectáculo que continúa en las colecciones de su interior que nos disponemos a ver. A nuestra salida del museo, rodeamos el edifico para contemplar otra de sus curiosidades: “Puppy”, un perro de 12 metros hecho a base de flores y una muestra más de la estética vanguardista de Bilbao. Es la hora de comer, y que mejor sitio para degustar los placeres de la alta cocina de Bilbao que el restaurante del propio museo. Paso a paso, después de comer, continuamos con nuestro paseo al lado de la ría y vamos observando extraordinarios edificios como el Museo de Bellas Artes, frente a nosotros, o el Palacio de Congresos y de la Música, (cuya forma simboliza un buque) al que llegamos tras atravesar el romántico Parque urbano de Doña Casilda Iturrizar. Ten en cuenta
La visita al Palacio Euskalduna sólo es posible los sábados a las 12.00 h.
Para los más deportistas, hay un carril-bici que recorre ambos márgenes de la ría.-Existe un bus turístico, cuya salida se sitúa en el Museo Guggenheim, que realiza 15 paradas y del que es posible subir o bajar todas las veces que se desee.
La tarjeta turística “BilbaoCard”, que podrás adquirir en internet y en las oficinas de turismo, permite el uso ilimitado de la red de transportes públicos y descuentos en comercios, restaurantes, espectáculos y centros de ocio.
En la oficina de turismo junto al Museo Guggenheim Bilbao podrás contratar rutas guiadas por la ciudad.   Por el área más comercial Una de las opciones más cómodas que tenemos para volver hasta el Ayuntamiento es usar el tranvía de la ciudad. Sin embargo, aprovechamos para adentrarnos a pie en el Ensanche de Bilbao, (la zona más céntrica y comercial de la ciudad) y hacer nuestras compras. Para ello, nos dirigimos hasta la majestuosa y amplia Gran Vía Don Diego López de Haro. Aquí veremos escaparates de tiendas de diseñadores conocidos a nivel internacional. Es el momento de darnos un capricho. En nuestro paseo por esta avenida encontramos otros edificios emblemáticos como el Palacio Chavarri, el Palacio de la Diputación Foral o las llamativas entradas al metro llamadas “fosteritos”, pues están diseñadas por Norman Foster. Para cenar, desde la Gran Vía Don Diego López de Haro hasta la zona del Palacio Euskalduna, encontramos algunos de los mejores restaurantes de la ciudad, tanto de cocina tradicional vasca como innovadora. Después, siempre podemos salir a tomar una copa o a bailar (música variada, desde el jazz al house) por las zonas de Alameda de Urquijo, Alameda Mazarredo y del muelle de Uribitarte. Un café con historia… y una cena de lujo Así llegamos hasta la Plaza Circular, donde nos recibirá una estatua de Don Diego López de Haro, el fundador de la Villa de Bilbao. Si giramos a la izquierda llegaremos hasta los relajantes jardines de Albia, el sitio ideal para tomar un descanso. ¿Por qué? Porque allí hallaremos el histórico y bello Café Iruña, un rincón emblemático de Bilbao para la tertulia política y literaria con una decoración que nos encantará.

Día 2: El sabor del casco viejo

Nuestro segundo día de viaje es la jornada perfecta para conocer la zona más tradicional: el Casco Viejo. Comenzamos nuestro recorrido en el Paseo del Arenal. Si es domingo, encontraremos a orillas de la ría una bonita sorpresa: un precioso mercado de flores al aire libre lleno de ambiente y donde podremos llevarnos un ramo a nuestro gusto. Desde aquí y por la calle Fueros llegamos a la Plaza de Unamuno, muy animada a cualquier hora e ideal para tomar un café. A nuestra espalda quedan los 213 escalones de las Calzadas de Mallona. Podemos subir parte de ellos para sacar una curiosa fotografía. Si nos animamos a subirlos todos, iremos en dirección a la Basílica de Begoña. Sin embargo, supone al menos media hora de camino y alejarnos de la zona del Casco Viejo, por lo que si nos interesa conocerla, es mejor dejar este plan para después de comer. Decidimos continuar por la zona más antigua de la ciudad. Aquí, lo mejor, es perderse por las callejuelas empedradas para percibir el carácter más tradicional de Bilbao e ir descubriendo en un paseo tranquilo bellos monumentos, plazuelas, talleres de artesanía y todo tipo de comercios. Sin embargo, la zona conocida como la de “Las 7 calles” (las vías paralelas que comienzan en Somera) es una de las más populares. A lo largo de ellas y en sus inmediaciones podemos visitar el mercado de la Ribera (el mercado cubierto más grande de Europa donde nos llamarán la atención sus coloridas vidrieras), la Iglesia de San Antón, la catedral de Santiago (la iglesia más antigua de la Villa de Bilbao) o el Edificio de la Bolsa. Justo aquí, encontraremos una curiosa señal en el suelo que nos indicará cómo colocarnos para divisar la Basílica de Begoña, pues se trata del único punto del Casco Viejo desde donde se puede ver. Para terminar nuestro recorrido, podemos salir por la calle Bidebarrieta para llegar de nuevo hasta la preciosa plaza del Arenal y admirar el elegante Teatro Arriaga, el más emblemático de la ciudad. Nos vamos de pintxos Es el momento de comer, y aunque ya nos habrán tentado los múltiples locales que hay por la zona, nos queda por conocer un lugar muy especial: la Plaza Nueva. Si es domingo, podremos disfrutar del mercadillo que se organiza bajo sus 64 arcos porticados: veremos a multitud de personas comprando libros antiguos, monedas, sellos, comics… ¿Por qué no llevarnos nosotros también un recuerdo? Y para comer, veremos que esta plaza nos ofrece multitud de bares y tabernas donde degustar los tradicionales pintxos (exquisitos bocados normalmente de productos típicos) acompañados del vino de la tierra, el Txacolí. ¿Lo mejor? Ir de local en local para probarlos todos y acabar la tarde tomando un café en una de las encantadoras terrazas de la plaza o en una pastelería de la zona. Ten en cuenta
Los domingos cierra el Mercado de la Ribera.
Existe un ascensor de pago en la calle Esperanza del Casco Viejo que acercarse a la basílica de Nuestra Señora de Begoña sin tener que subir los escalones de las Calzadas de Mallona.




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