Localización

Zamora


Te proponemos conocer una zona del interior de España en la que sentir la tranquilidad y tener un contacto real con la naturaleza. Se trata de la región de Zamora (en Castilla y León, al noroeste de España). Encontrarás paisajes como el gran lago de origen glaciar de Sanabria o los profundos cañones que crea el río Duero a su paso y podrás oír sonidos que nunca se olvidan como el de la berrea del ciervo o el aullido del lobo. En el recorrido que te proponemos, te detallamos un viaje de cinco días por algunas localidades como Toro, Zamora, Fermoselle y Puebla de Sanabria y te damos recomendaciones de qué visitar o qué pedir a la hora de comer. Puedes utilizarlo como un cuaderno de viaje orientativo.



DÍA 1. TORO

Comenzamos el recorrido en Toro (a unas dos horas de Madrid en coche). Tras un primer vistazo a los paisajes desde su mirador del “Espolón” (la ciudad está sobre una atalaya a 100 metros de altura), el primer punto al que debemos dirigirnos es sin duda a su famosa Colegiata de Santa María la Mayor. Una vez dentro, no puedes pasar por alto su impresionante portada, su cuadro de “La Virgen de la mosca”, su Virgen embarazada (de las pocas que existen en España) ni las reliquias del cráneo del auténtico San Valentín (aunque, te avisamos, aquí San Valentín no tiene nada que ver con el amor, sino que es el patrón de los dolores de cabeza). Después, lo mejor es que dar un tranquilo paseo hasta encontrar la Puerta del Mercado (es la Torre del Reloj) o acercarse hasta la bonita Plaza de toros, una de las más antiguas de España (para acudir a una visita guiada al interior de la plaza lo mejor es que reserves antes en la oficina de turismo de la Plaza Mayor). No te sorprendas si en la plaza de toros ves un cartel dedicado al Premio Nobel Vargas Llosa, ya que es un aficionado a los toros y estuvo allí como invitado. Llega la hora de comer y con ella otra recomendación imprescindible en nuestra visita a Toro: probar sus vinos Denominación de Origen. Los vinos de esta zona han tenido fama durante siglos y se los menciona en grandes obras maestras de la literatura. De hecho, se cuenta que el confesor de la reina Isabel I La Católica bautizó una de las carabelas de Colón con el nombre de la Pinta, en honor al caldo de su tierra natal: Toro (antiguamente la “pinta” era una medida de capacidad que se usaba para animar a beber vino: “echar una pinta”). Hoy existen más de 50 bodegas dedicadas a estos vinos y en varias de ellas podrás comer y apuntarte a actividades de enoturismo para pasar una tarde de lo más agradable: visita guiada a una bodega, cata-degustación, visita a los viñedos (algunas funcionan con grupos con reserva previa, así que te recomendamos que te informes con antelación). También en Toro tienes la opción de visitar una fábrica de quesos y probar el riquísimo Queso zamorano, también Denominación de origen.

DÍA 2. ZAMORA

A poco más de 30 kilómetros (siguiendo la A-11) encontrarás la capital: la ciudad de Zamora, conocida como “la bien cercada”. Estamos en el lugar con mayor concentración de arte románico del mundo, así que lo mejor es ponerse en marcha pronto para hacerse una idea de lo fundamental. Nos dirigimos al centro histórico por la calle de San Torcuato. En un agradable paseo llegaremos hasta la Plaza de La Catedral. En nuestro camino podremos ver monumentos como la Iglesia de Santiago del Burgo, el Palacio de los Momos, la Iglesia de San Juan de Puerta Nueva, el Ayuntamiento Viejo, el Parador de Turismo, el Convento del Tránsito, La Catedral y el Castillo-Museo Baltasar Lobo. Todo en línea recta, no hay pérdida. Caminar por Zamora es una experiencia deliciosa porque cada callejuela, cada rincón, tiene una historia que contar. Te desvelamos algunas: En la Plaza Mayor encontrarás una escultura de una pareja de nazarenos tocando instrumentos. Verás que pone “Merlú”, que es como se conoce a estas parejas típicas de la famosa fiesta de la Semana Santa de Zamora. En la Plaza de Viriato hallarás la estatua del propio Viriato, el famoso líder de los lusitanos. Este personaje histórico fue asesinado para conseguir una recompensa por parte del Imperio Romano. Pero cuando fueron a entregar su cuerpo les contestaron con la ya mítica frase de “Roma no paga a traidores”. No nos puede faltar una foto aquí. Otra parada imprescindible llega en la calle Balborraz, que fue premiada por Europa Nostra y es, sin duda, de las más bonitas de la ciudad. Una última recomendación. No te pierdas el interior de la Catedral (es estupendo ver la cúpula desde dentro) ni la planta superior que alberga una bonita colección de tapices. A lo largo de nuestro paseo no debemos olvidar la historia apasionante de esta ciudad. De hecho, hay un famoso refrán que dice “No se ganó Zamora en una hora”, que se refiere al duro asedio por parte del rey Sancho II de Castilla para arrebatársela a su hermana Doña Urraca. Si se nos abre el apetito antes de comer, siempre podemos comprar los típicos dulces llamados cañas en alguna de las pastelerías tradicionales que veremos en el camino. Después de una buena parada para comer, nos vamos hasta el Mirador del Troncoso, para obtener una panorámica de la ribera del Duero. Fíjate bien en el río porque ahora te vamos a proponer navegar sobre él en kayak. Para ello nos acercamos caminando hasta la zona de las aceñas de Cabañales. Aquí podemos visitar un museo para entender la función de antiguos molinos rehabilitados y después dar un paseo guiado en kayak por el río. La vista de la ciudad desde el Duero, con la Catedral en lo alto, es simplemente magnífica. Para la noche te proponemos un plan de lo más interesante, la ruta guiada de “El Castillo con sabor”. El recorrido consiste en probar tapas elaboradas y deliciosas de Zamora en distintos restaurantes mientras se van conociendo los monumentos románicos y modernistas iluminados. La ruta acaba en el Castillo de Zamora, desde donde se obtienen unas vistas de la ciudad iluminada dignas de fotografiar (esta actividad se suele organizar las noches de los viernes y los sábados. Lo mejor es que te informes sobre ella en alguna oficina de turismo como la de la Plaza de Viriato).

DÍA 3. ARRIBES DEL DUERO

Emprendemos de nuevo el trayecto para llegar a la localidad de Fermoselle (a poco más de 60 kilómetros de la ciudad de Zamora por las carreteras CL-527 y C-527). Por el camino podemos hacer una parada en Pereruela (un típico pueblo rural famoso por su alfarería), otra en el Puente Romano de Sogo y contemplar el paisaje que ofrece el enorme Embalse de Almendra. Una vez en Fermoselle (y a pesar de las cuestas), la belleza de la localidad (declarada Conjunto Histórico-Artístico) invita a caminar y a hacer fotos en sus escalinatas de piedra. Conviene visitar su bonita Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y fijarse en la cantidad de bodegas subterráneas que existen en Fermoselle (de hecho, alguna es visitable. Obtendrás más información en la oficina de turismo de la Plaza Mayor). Otra curiosidad: es posible que veas en las calles unos pequeños burladeros. Sirven para refugiarse cuando en las fiestas de la localidad se realizan encierros con toros que corren por las estrechas calles (al modo de las famosas fiestas de San Fermín). El entorno de Fermoselle forma parte de uno de los espacios naturales más bonitos que vamos a ver en este viaje: el Parque Natural de los Arribes del Duero. Para obtener unas buenas vistas, lo mejor es que subamos hasta el Mirador de El Torojón. Una última parada imprescindible es la Casa del Parque (un centro de interpretación del Parque Natural). Lo encontrarás en el antiguo Convento de San Francisco, junto al Santuario de la Virgen de la Bandera (la patrona de Fermoselle, que cuenta con una hermosa escultura en la que la Virgen le está dando el pecho al niño). La Casa del Parque es un centro muy completo que te ayudará a conocer mejor la zona y donde podrás obtener información sobre dónde realizar turismo activo o cómo apuntarse a un crucero fluvial. A la hora de comer, podemos quedarnos en Fermoselle u optar por alojarnos en alguna casa rural de los pueblecitos de la zona como Mámoles o Gamones (en este último puedes apuntarte a un divertido taller de artesanía o comprar piezas ya realizadas). Todos son encantadores, llenos de construcciones tradicionales y transmiten una paz indescriptible. Tras reponer fuerzas, lo ideal es pasar la tarde en el Parque de una manera más activa. Podemos elegir entre varias opciones: desde visitar los Miradores del Castillo y de las Barrancas (en Fariza), hasta hacer senderismo, practicar BTT, iniciarnos en el geocaching, observar aves, hacer una escapada fotográfica, acariciar a los entrañables burros zamoranos, convertirnos en “buscadores de oro” en las minas de Villadepera, contemplar las estrellas… Habremos obtenido mucha información sobre las opciones que tenemos en la Casa del Parque, aunque, además, existen empresas privadas que se encargar de organizar todas estas actividades como es el caso de Frontera Natural (http://www.fronteranatural.es/).

DÍA 4. PUEBLA DE SANABRIA

Desde Fermoselle nos dirigimos hoy hacia el norte para llegar a Puebla de Sanabria (está a unos 160 kilómetros siguiendo la ZA-912). Sin embargo, antes de abandonar los paisajes del Parque Natural de los Arribes del Duero, te proponemos dos paradas. La primera, en Villardiegua, para hacernos una foto con su Verraco de piedra conocido como “La Mula”. Y la segunda (y quizá la más especial de todo el entorno) en el Puente de Requejo, conocido popularmente como Puente Pino (en la zona de Villadepera). Cuando nos estemos acercando a este punto atravesando los bonitos paisajes del parque, el cuerpo nos pedirá parar el coche para admirar esta construcción, una de las más espectaculares de Zamora, con más de un siglo de historia y de la escuela de Eiffel. La visión del río encajonado desde aquí es maravillosa. Ahora sí, nuestro viaje nos lleva hasta la localidad de Puebla de Sanabria, donde podemos comer y pasar una tarde de lo más agradable. Lo mejor para conocerla es caminar por sus calles, pero para que no te pierdas lo fundamental, te hacemos unas recomendaciones. Podemos comenzar la visita en la Plaza Mayor y conocer la Iglesia de Santa María del Azogue y la Ermita de San Cayetano. Desde aquí podemos ir a la “joya de la corona”: el Castillo. En el trayecto seguramente veamos un cartel que hace referencia al Camino de Santiago y que dice: “Todas las olas de la historia han dejado aquí su paso. Los celtas el nombre. Los suevos la primera organización. El monacato y los mozárabes su huella. Y los condes su empaque. Caminante, que tú también, en cada ola de tu historia dejes, con tus buenas obras, memoria de tu paso. El amor es el camino”. Una vez en el castillo (uno de los mejor conservados de España y que alberga dentro un museo) nos toca subir a “El Macho”. Así es como se conoce a su Torre del Homenaje y desde lo alto las vistas merecen la pena. ¿Sabías que aquí se alojaron Juana “La Loca” (la hija de los Reyes Católicos) y Felipe “El Hermoso” en plena contienda interna por la corona? Si continuamos con nuestro paseo hasta la hora de la cena, contemplaremos los hermosos balcones llenos de flores de Puebla de Sanabria y las pequeñas tiendecitas. Además, siempre podemos acercarnos a su balneario urbano o conocer el curioso Museo de Gigantes y Cabezudos. Por cierto, si viajas en el fin de semana más próximo al 15 de agosto, verás a Puebla de Sanabria transformado en un enorme mercado medieval por las fiestas que celebra.

DÍA 5. LAGO DE SANABRIA Y SIERRA DE LA CULEBRA

Comienza nuestro último día de viaje, así que vamos a aprovecharlo y a adentrarnos en la naturaleza. ¿Sabías que Puebla de Sanabria fue nombrada Capital Europea de la Biodiversidad en 2011? De hecho, muy cerca (a unos 15 kilómetros) encontramos uno de los paisajes más famosos de Castilla y León: el Parque Natural del Lago de Sanabria. Antes de adentrarnos en el parque, te damos dos sugerencias. La primera, no te pierdas el amanecer en Puebla de Sanabria, porque la localidad parece surgir de la niebla que crea el río. La segunda, pásate por la Casa del Parque que funciona como centro de interpretación (Carretera ZA-104, kilómetro 4,5 Rabanillo-Galende). Allí podrás ver un audiovisual en 3D, aprenderás que el Lago de Sanabria es de origen glaciar y podrás ver maquetas de construcciones tradicionales y escuchar un idioma propio de la zona que apenas conservan algunos habitantes. Pregunta por las actividades que organizan. Con la lección bien aprendida, nos dirigimos ya hasta el lago. La estampa del agua cristalina y de las pequeñas playas que se encuentran a su alrededor es de lo más gratificante. Si es verano, podremos darnos un chapuzón, practicar todo tipo de deportes acuáticos y hasta montarnos en un barco. En otras épocas, podemos optar por el senderismo. De hecho, el parque cuenta con más de 100 kilómetros de sendas tradicionales (paseos sencillos y tranquilos que unen todas las localidades de la zona), sendas de montaña para los más aventureros, una senda de esquí de travesía para el invierno y un sendero de Gran Recorrido que aprovecha los refugios de montaña. Tras disfrutar del lago, podemos ascender con el coche por la montaña para obtener una panorámica del paisaje desde lo alto. Lo mejor es llegar hasta la Laguna de los Peces y hacer una parada en los miradores y en el otro centro de interpretación que se sitúa en el Monasterio de San Martín de Castañeda. Esta zona es tan especial que ha servido de inspiración a famosos escritores como Unamuno e incluso hay teorías que afirman que las tierras que describe Cervantes en “Don Quijote de La Mancha” son estas. Además, este parque está unido a un trágico hecho histórico: en 1959 el pueblo de Ribadelago quedó sumergido durante la noche por la rotura de una presa y, según la leyenda, en la Noche de San Juan, todavía tañen las campanas de su iglesia bajo el lago. Tras comer en alguno de los restaurantes de la zona, podemos poner la guinda a nuestro viaje dirigiéndonos hasta la Sierra de la Culebra (a unos 70 kilómetros) para pasar la tarde y contemplar el atardecer. En esta zona se concentra la mayor densidad de lobos de toda España, por lo que te recomendamos ponerte en contacto con alguna empresa de turismo activo que organice su observación. Merece la pena. Y si viajas a finales de septiembre o a principios de otoño, tampoco puedes perderte la berrea del ciervo. Es la época en la que los ciervos están en celo y el espectáculo de ver entrechocar sus cornamentas y oír su bramido es inolvidable.



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Ten en cuenta

Si vienes en avión a España, te conviene saber que Zamora está a 96 kilómetros del aeropuerto de Valladolid, a 62 kilómetros del aeropuerto de Salamanca, a 135 kilómetros del aeropuerto de León y a 248 kilómetros del Aeropuerto de Madrid. Desde Madrid, puedes llegar a Zamora en tren en tan sólo dos horas. Una vez en Zamora, aunque existen autobuses que comunican las diferentes zonas, lo más cómodo es recorrer la zona en tu propio coche o en un coche alquilado para ir a tu ritmo. Para comer y cenar, no dudes en pedir los platos típicos de la zona: habones de Sanabria, arroz a la zamorana, cabrito asado, garbanzos de Fuentasaúco, bacalao a la tranca… y de postre ¡unas ricas cañas! Si visitas una bodega, ten en cuenta que éstas suelen organizar actividades extraordinarias durante la época de la vendimia (finales de septiembre y principios de octubre). Zamora cuenta con alojamientos de todo tipo, entre ellos dos hoteles de 5 estrellas con bodega propia y uno de ellos con spa. Los cielos de Zamora son perfectos para observar las estrellas. Si puedes, apúntate a alguna actividad de turismo astronómico (pregunta en las oficinas de turismo, las Casas del Parque o en las casas rurales en las que te alojes). Existen agencias de viaje que organizan el viaje completo por buena parte de los puntos más importantes de la provincia de Zamora. El viaje propuesto está basado sólo en algunas zonas de Zamora, aunque puedes ampliarlo todo lo que desees y conocer también Benavente, las Lagunas de Villafáfila, etc.





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