Los que creen que el verano es la mejor época para disfrutar del Mediterráneo se equivocan.  El otoño es la estación ideal para disfrutar de los encantos de Formentera (y con mucha más intimidad). Durante una semana visitamos la isla en barco en una experiencia indescriptible.

Por Alicia Arranz paraSPN Magazine



La (buena) vida a bordo

«Están a punto de vivir una experiencia que les causará una profunda impresión. Les advierto: la navegación es como una droga que puede causar adicción». Así de contundentes son las primeras palabras de Chimo, el patrón de nuestro barco, al reunir a los navegantes para ofrecerles un aperitivo de bienvenida en la cubierta de nuestro Lagoon 450 nuevo. Los rostros de los allí congregados reflejaban una mezcla de incertidumbre y emoción ante la perspectiva de convivir los siguientes siete días con sus seis noches a bordo de un catamarán. Los más experimentados se sentaron sonriendo mientras el resto, o al menos yo, escuchábamos atentamente todas las recomendaciones de este hombre de apariencia vivaz y piel curtida por el viento. En aquel momento, ninguno de nosotros imaginaba cuánta razón tenía Chimo; lo cierto es que en menos de una hora, el tiempo que tardamos en acomodar todas nuestras pertenencias y provisiones para la semana en nuestros camarotes, ya sentíamos el barco como nuestro hogar. Una casa flotante y compacta, pero una casa al fin y al cabo. Y por cierto, muy confortable y acogedora. Y así, emocionados y envueltos en una atmósfera de dicha absoluta, brindamos con cava mientras la embarcación se hacía a la mar. Cuando ya casi habíamos perdido de vista los otros barcos del puerto de San Antonio de Portmany, alguien abrió otra botella y el cielo empezó a vestirse de rojo. Ser consciente de estar en medio del mar, bajo un sol que ofrece una temperatura perfecta, rodeados de todo el azul del mundo, con el único murmullo del viento acompañado del tranquilizante ruido del motor del barco y el salpicar del agua a nuestro paso, es una sensación auténticamente placentera que todo el mundo debería experimentar por lo menos una vez en la vida. Vivimos en un mundo en el que todos somos prisioneros del estrés. Acostumbrados a la frustración de tener siempre miles de cosas que hacer, cada día recibimos docenas de mensajes que nos invitan a disfrutar de los pequeños placeres de la vida, a prestar atención al aquí y el ahora, a conectar totalmente con el momento presente y con las cosas buenas que la vida nos regala. Bueno, pues lo que siempre me había sonado como una utopía se convierte en realidad al amanecer en el camarote con el único pensamiento de darme un chapuzón en las aguas turquesas o tomar un café de la cafetera que humea en la cocina del barco. Y, para los que nunca lo han probado, merece la pena plantearse la posibilidad de pasar las vacaciones en un barco, en lugar de un hotel o un apartamento; tiene muchas ventajas y, a veces, puede ser una alternativa igual de económica, o incluso más, que un alojamiento convencional, dependiendo del barco y el momento que uno elija. Vivir descalzo y en contacto permanente con la naturaleza, explorando playas y cuevas de película, durmiendo la siesta acariciado por la brisa marina, refrescándose a cualquier hora en las aguas cristalinas, contemplando las mejores puestas de sol de tu vida y acostándote después de haber disfrutado de las estrellas y de las olas hasta caer dormido son solo algunas de las recompensas de un viaje en barco. Es difícil imaginar vacaciones más relajadas y alejadas de nuestra rutina.

En tierra

Formentera bajo tu piel

Podría decirse que un barco es un destino en sí mismo, porque lo importante de unas vacaciones no es dónde vas, sino lo que ocurre por el camino. Pero hablando de Formentera, todo es distinto. Porque en cuanto ves algunas de sus playas más bellas, como Es Palmador, con su increíble pureza, te das cuenta de que el paraíso existe y se encuentra mucho más cerca de lo que pensamos. Se trata de una playa virgen a la que solo se puede acceder en barco, con arena tan blanca y agua tan cristalina que parece irreal, aunque no es la única. La playa de Ses Illetes, rodeada por un parque natural, es una franja de tierra que se extiende por esa parte del Mediterráneo que parece el Caribe, con tal belleza que se la considera una de las mejores playas del mundo y figura en el quinto puesto de los Traveller's Choice Awards 2015 de Tripadvisor. Aquí y en el centenario Faro de la Mola se grabaron varias escenas de la película Lucía y el sexo, del director español Julio Médem, en la que la actriz española Paz Vega saltó a la fama; sin duda alguna, el paisaje rivaliza en protagonismo con los propios actores. Muy cerca del faro se encuentra otro de los iconos de la isla, el Molí, un molino del siglo XVIII cuya silueta aparecía en la portada del disco More, de Pink Floyd, la banda sonora de la película del mismo título dirigida aquí por Barbet Shroeder en 1969. Han pasado 50 años desde la última vez que moliera grano, pero se conserva excepcionalmente. La otra ventaja de Formentera es que aquí todos encuentran lo que buscan. Si tu prioridad es perderte en espacios naturales prácticamente intactos, aquí encontrarás Punta Prima, con su fascinante costa pedregosa. Si prefieres bajarte del barco para degustar un delicioso pescado fresco a la parrilla, un buen lugar es Es Caló, un pueblecito con un precioso muelle y varios restaurantes. La vida a bordo está repleta de animación y de actividades para realizar por el día, como buceo con gafas y tubo, submarinismo, esquí acuático, etc., pero sería una pena dejar de explorar la tierra. Tanto si viajas a pie, como si lo haces en bici o en moto, hay un sinfín de rutas interesantes que discurren por senderos de la isla, como el Camí de Sa Pujada, un sendero de unos 1500 metros de longitud que atraviesa una antigua calzada romana y desde el que se divisan las mejores vistas de toda la isla, o Es Vedrà, cuyos islotes están rodeados de leyendas. Y para vida nocturna la de Es Putxols, la zona más turística de la isla. La fiesta no es como la de Ibiza, pero hay muchos lugares para tomar una copa y bailar hasta el amanecer. O, aún mejor, para tomar una copa y volver a dormir al barco, porque contemplar el amanecer en medio del mar es mil veces mejor que hacerlo desde tierra.

Dónde comer (o cenar y tomar una copa)

Tiburón: Este chiringuito, un clásico fundado hace 20 años, se encuentra en la playa de Ses Illetes. La mayoría de sus clientes dejan los barcos enfrente y para acceder a él cogen una pequeña lancha motora que también se utiliza para repartir los pedidos. Con una relajada atmósfera caribeña, es perfecto para desembarcar y disfrutar de buena música y comida de calidad con delicados toques mediterráneos: gazpacho, sashimi de atún, pasta con marisco y multitud de ensaladas, y todo en grandes raciones. www.tiburon-formentera.com Casa Sa Punta: Se trata de un lugar privilegiado cerca del puerto de La Sabina para contemplar el maravilloso atardecer con una copa de champán o un mojito en la mano. De hecho, docenas de personas se reúnen en las mesas situadas frente al mar a esa hora en que el sol va desapareciendo en el horizonte. www.casasapunta.com Beso Beach: El Beso es el bar más de moda de toda la isla, un lugar para ver y ser visto. Los famosos que visitan la isla se reúnen aquí porque su ambiente es el mejor, con sus mesas de madera, sus raciones de jamón serrano, sus inigualables mojitos y sus carnes a la brasa. www.besobeach.com Mercadillo La Mola: Y para rematar todas estas experiencias, vagar entre los puestos de este mercadillo te permite empaparte hasta el tuétano de la cultura y la identidad de Formentera, que se ha quedado anclada en los años sesenta: el utópico refugio de las comunas hippies que encontraron aquí un paraíso hecho a su medida. Hay puestos que venden todo tipo de prendas artesanas, cerámica, productos de cuero, joyas y baratijas, además de cuadros y esculturas únicos y, casi siempre, creaciones de artistas locales. Sin duda, es el mejor lugar para equiparse de los objetos esenciales para pasar unos días en la isla: alpargatas, sombrero de paja y vaporosas prendas boho. Miércoles y domingo, de 16.00 a 22.00 horas, Pilar de la Mola

Información útil

Cómo llegar a Formentera: A Formentera, la más pequeña de las islas Pitiusas (como las bautizaron los griegos) solo se puede llegar por mar, de modo que lo más práctico es viajar al aeropuerto internacional de Ibiza, tomar el ferry que conecta las islas en media hora y bajarse en el puerto de La Sabina. Aún mejor es hacer este recorrido en un barco alquilado, que zarpa de uno de los puertos de Ibiza, como el de la ciudad de Ibiza, Sant Antoni de Portmany o Santa Eulalia. Visita por la isla: Formentera, con sus 20 km de largo y 2 de ancho, es perfecta para recorrer en bicicleta o en moto. Muchas empresas las alquilan por 25 euros al día o incluso menos, como Moto Rent Migjorn y Formentera Moto Rent. También hay coches de alquiler, pero se recomienda utilizar vehículos más pequeños y prácticos, ya que conceden mucha mayor libertad y encajan mejor con el estilo de vida de la isla, que en invierno, solo tiene 10 000 habitantes y en la que solo hay un semáforo. Aboattime es una start-up española que ha revolucionado por completo el negocio de alquiler de barcos. Gracias a una cómoda plataforma para reservar barcos en los que puedes embarcar desde cualquier punto de la costa española, con o sin patrón, ha modificado radicalmente el concepto de vacaciones en un barco, con las mismas condiciones y precios que un hotel.



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