Con lápiz e hilo

Los ilustradores de moda dibujan sobre la página en blanco y crean una atmósfera que se mueve entre la fotografía, el cine y la ficción literaria.

En un mundo continuamente rodeado de imágenes cada vez más instantáneas, íntimas y sofisticadas, la fotografía de moda nos coloca una realidad tangible ante los ojos, mientras que la ilustración juega con el contenido de esa realidad. Jordi Labanda y Carmen García Huerta son dos de los ilustradores españoles más famosos y, aunque ambos son bien conocidos por sus ilustraciones de moda, su obra va mucho más allá, creando sus propios universos claramente reconocibles. Las ilustraciones de Jordi no necesitan presentación,  sería difícil encontrarse con alguien que no las conociera.  Su obra, caracterizada por un estilo instalado entre la elegancia de los años cincuenta y sesenta y la vida cosmopolita, y al mismo tiempo hiperconectado con el siglo XXI, lleva dos décadas representando personajes que son un espejo en el que podemos reflejarnos con asombro, ironía y sentido del humor.   Si bien es un asiduo de Wallpaper, Apartamento, Visionaire, New York Times Sunday Magazine y marcas como Louis Vuitton, Dior y Nissan, también forma parte de la imaginación de los adolescentes gracias a su línea de artículos de papelería.  Si alguna vez he soñado con perderme en un universo repleto de elegancia y glamour, sin duda sería en uno de sus escenarios. Carmen García Huerta fue elegida por Taschen como una de las 100 mejores ilustradoras internacionales.  Su mundo es inconfundible y sorprendente, por su atención única al detalle (ella bien sabe que es capaz de revelar más que el resto), y navega entre dos estilos que, lejos de oponerse, se complementan mutuamente a la perfección:  lo estilizado y elegante en su trabajo más comercial, y una predilección por las líneas curvas y la belleza de la imperfección en sus proyectos más personales.

        por Silvia Terrón para SPN Magazine



JORDI LABANDA – Entrevista para SPN

En sus ilustraciones, crea una historia en la que el espectador se sumerge para rellenar los huecos de una forma natural.  ¿Parte de una idea concreta o la historia va surgiendo mientras dibuja? Cuando empecé a trabajar como ilustrador, quería que mi trabajo fuera narrativo, incluso desde un punto de vista cinematográfico.  Siempre había creído que el trabajo más importante de un ilustrador era comunicar (soy un artista comercial siempre al servicio del cliente, nunca olvido eso).  La idea siempre surge antes de empezar a dibujar, durante la creación de los bocetos.  Me gusta tenerlo todo bien atado antes de coger los pinceles, prefiero tener bien pensada la parte conceptual para disfrutar como un colegial con las pinturas. Otra característica de sus imágenes es la ironía: una visión asociada a la moda y un reflejo de la sociedad hiperconectada actual.  ¿Cómo cree que ha evolucionado la sociedad desde que empezó a trabajar como ilustrador?  ¿Cómo cree que serán las cosas en el futuro? ¡Han sucedido muchas cosas!  Llevo veinte años señalando precisamente eso, de forma que mi trabajo es como una especie de registro de los cambios del siglo y de las formas y las modas que los han definido.  Fui uno de los «culpables» de la creación de ese concepto de estilo de vida que tanto se usa hoy.  Creo que la sociedad es mucho menos inocente, se ha vuelto más escéptica e irónica (incluso sarcástica), en parte por la sociedad de consumo, que ha avanzado exponencialmente, y sobre todo por las redes sociales que, en mi opinión, se han convertido en máquinas de fabricar envidias a escala mundial.  Lo que realmente me interesa hoy en día es la relación de la gente con todas estas redes sociales, toda esta tecnología que teóricamente nos hace más libres, aunque yo no lo tengo tan claro... Creo que el futuro nos deparará cosas interesantes y aterradoras, como el uso doméstico de la realidad virtual que, en mi opinión, lo pondrá todo patas abajo. ¿Qué le define como ilustrador español, o quizá esa definición no tiene sentido en un mundo globalizado? Siempre me he visto a mí mismo como un ciudadano del mundo.  Mis referencias siempre han sido las ilustraciones clásicas del New Yorker o el trabajo de René Grau en los años cincuenta... nunca me han interesado los localismos porque mi punto de vista siempre ha sido global.  Creo que este ha sido un factor importante de mi éxito. A veces no son las grandes cosas, sino los pequeños detalles los que tienen más peso y nos influencian más.  ¿Qué le influenció a usted más en sus años de formación como artista? Sin duda me fijo en los detalles de las películas antiguas y modernas, en las poses de las modelos en las fotografías, en mis interiores arquitectónicos favoritos... Creo que tengo una fase formativa muy intensa que me ha permitido convertirlo todo en una forma de ilustración de manera muy sencilla.  Si observas mis primeros trabajos, verás que realmente no me he alejado mucho de lo fundamental.  Dios está en los detalles, como dice mi admirado Mies van der Rohe. ¿Qué jóvenes ilustradores españoles recomendaría? Me encanta el trabajo de Jorge Arévalo, porque observo en él los ecos de los ilustradores clásicos, que me gustan. Sus imágenes han aparecido en todo tipo de contextos: desde murales hasta alfombras y bolígrafos... ¿Cuál es el lugar más extraño en el que ha visto plasmada su obra? ¡Hay muchos!  Podría citar una lima de uñas, un paquete de tampones o el lateral de un coche (la edición Jordi Labanda del Nissan Micra). Si hubiera podido crear el plató de una película clásica o de una escena, ¿cuál sería y por qué? Una de mis escenas favoritas de la historia del cine es de «Vértigo», en la que James Stewart ve por primera vez en un restaurante al personaje que interpreta Kim Novak y se queda fascinado por ella... cada vez que la veo se me pone la piel de gallina.  La escena abarca todo lo que me gusta.  Tampoco me importaría haber coreografiado la escena de la fiesta en el apartamento de Audrey Hepburn en «Desayuno con diamantes». Sus imágenes se perciben como parte del presente, pero a su vez flota en ellas una especie de indefinición temporal.  ¿Cuál sería la fórmula ideal en la que colocaría a sus personajes? Me gusta que mi trabajo respire modernidad, pero que pueda contemplarse como un clásico después de una serie de años.  La fórmula sería: 20 % Hitchcock + 5 % Almodóvar + 25 % Irving Penn, Avedon y Helmut Newton + 10 % de la sensualidad de Tom Ford para Gucci en los 90 + 8 % Warhol + 10 % Pucci en los 60 + 5 % de existencialismo francés + 10 % de la portada del New Yorker + 20 % René Grau + 2 % Diana Vreeland.  

CARMEN GARCÍA HUERTA – ENTREVISTA PARA SPN

¿Qué es para usted la ilustración de moda?  Al trasladar una prenda o un objeto al papel, ¿qué cree que se gana y qué se pierde? Se trata de una noción esquiva para mí, algo así como la unidad mínima de elegancia.  La expresión más sutil y a la vez más compleja del conjunto del diseño, la tendencia, el tejido, la textura, la actitud, la sociología... en mi caso, el objeto gana fuerza y pierde precisamente esa volatilidad de la que hablo, porque mis dibujos son muy consistentes. En su obra más personal, la línea recta casi desaparece y se convierte en una masa de líneas superpuestas.  ¿Cómo contempla el mundo día a día: en líneas rectas y trazos precisos o en líneas curvas que se pierden y vuelven a encontrarse en cada recodo de una silueta? Mi forma de ver el mundo coincide en gran medida con mi forma de expresarlo.  En general, soy obsesiva y soñadora.  Aunque cada vez menos; creo que eso es precisamente lo que transmiten mis dibujos. ¿Qué ocurre en el mundo de Carmen García Huerta más allá de la ilustración?  ¿Qué música escucha, qué la mueve, hay alguien en su vida? Bueno, estoy soltera, es algo que necesito, es vital para mi trabajo.  La única presencia que no me cambia y que incluso a veces me motiva y me estimula es la de mi hija cuando me visita en mi estudio, pero durante un ratito solo.  Siempre tengo música puesta.  Suelo escuchar temas íntimos de compositores desde clásicos hasta neo-folk, salvo que tenga que realizar un encargo urgente.  Si es así, me pongo power rock o bandas sonoras épicas que me animen. Alguna vez ha dicho que encuentra inspiración en las cosas pequeñas.  ¿Las considera pasadizos secretos a cosas más grandes o prefiere vivir en un universo de detalles mínimos que revelan mucho más que el todo? Creo que hay un poco de ambas.  Dios y el diablo están en los detalles.  Y también es un tic personal: normalmente voy de lo concreto a lo general en todo.  Tener una visión global de las cosas y desentrañar las partes no me funciona, me quedo por el camino colgada de cualquier pequeño detalle.  Con el dibujo, eso me hace embeberme (en el buen sentido) durante horas en el volante de una camisa, antes de haber siquiera dibujado una silueta. Cuando era pequeña, ¿qué le llamaba la atención durante horas? Fui una niña muy tranquila, introvertida y soñadora.  Pasaba mucho tiempo en la biblioteca de mi padre, donde había muchísimos libros de caricaturistas de los años setenta, claramente para adultos, porque se centraban en la política o el porno blando.  Puede que esto no fuera lo más apropiado para una niña, y de hecho no entendía nada de lo que leía, pero estoy muy agradecida por que me dejaran ver todos esos libros porque así aprendí a dibujar y a amar la lectura. Tecnología aparte, ¿qué objetos cree que son los más representativos de esta época, cuáles reconoceremos cuando volvamos a verlos dentro de unos años? Estamos viviendo una vuelta a lo casero y a lo artesanal, en perfecta armonía con la tecnología.  Pero no te sabría decir, todo lo que se me ocurre es electrónico.  Así que si no puedo decir el smartphone, diría un selfie.  No se me ocurre nada que exprese mejor el aquí y el ahora. ¿Qué la define como ilustradora española, o quizá esa definición carece de sentido en un mundo globalizado? Creo que, efectivamente, no tiene mucho sentido, ya que desde los inicios de mi carrera he trabajado mucho fuera de España, quizá más que dentro. ¿Qué jóvenes ilustradores españoles recomienda? Me gusta mucho Carla Fuentes.  Confieso que no sigo muy de cerca a los nuevos talentos que están conquistando Instagram.  Durante años, he admirado a ilustradores como Marcela Gutiérrez, Berto Martínez y Ricardo Fumanal. Si pudiera crear la imagen de un personaje de novela o cine en sus ilustraciones, ¿quién sería? Madame Bovary. De hecho, es lo que estoy a punto de hacer. Vista la supremacía de la fotografía en el mundo publicitario, ¿qué es ese algo único que la ilustración puede aportar en la representación o la creación de un mundo imaginario?  ¿Quizá que la ilustración deja espacio a la imaginación, la sorpresa de haber visto una imagen sin haber visto su imagen exacta? Sí, algo así: mundos menos literales, paralelos  La publicidad está menos interesada en eso ahora que en otras épocas del siglo pasado, en las que se creaban fantásticas campañas ilustradas para consumo a gran escala, desde la «Belle Époque» hasta los años de la psicodelia.  Es una pena que eso se haya perdido.  Nunca me cansaré de defender ese tipo de arte:  animo desde aquí a recuperarlo a los directores de las agencias publicitarias.



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