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España, como heredera de la tradición termal que griegos, romanos y árabes ya practicaban hace varios milenios en nuestro suelo, pone al alcance del viajero una de las ofertas de turismo de salud más rica, atractiva y plural de Europa. La inmensa mayoría de nuestros centros termales con aguas mineromedicinales de capacidad curativa se encuentran situados en parajes naturales de inusual belleza, entre montes, playas y bosques. Además de todo ello, España aporta al turismo de salud algo que pocos países europeos pueden: la climaterapia.

España posee una riqueza en aguas mineromedicinales incalculable, pues existen registrados más de 2.000 manantiales que, por calidad y cantidad, convierten a nuestro país en el balneario de Europa. Y así lo entendieron los europeos que veraneaban, a principios del siglo pasado, en balnearios como el de Mondariz, considerado como uno de los de mayor relevancia política y social en la España de aquella época, lo que le valió el apodo de Baden-Baden español; o como el Gran Balneario de Carballino, el Solán de Cabras o el de Liérganes, entre otros.

Los balnearios atravesaron, tras la guerra civil, un período de decadencia del que resurgieron a principios de los años noventa del siglo XX gracias al interés por la medicina natural y por el culto al cuerpo. Actualmente, los centros termales españoles son uno de los atractivos más importantes de nuestro país pues, junto a sus cualidades curativas, unen naturaleza, deporte, gastronomía, arte, historia… conformando así una de las propuestas de ocio más completas e imaginativas.

En la actualidad, la gran mayoría de los balnearios españoles han sufrido importantes rejuvenecimientos en sus instalaciones, incorporando las más novedosas tecnologías y los mejores equipos médicos; lo que les hace mantenerse en los primeros lugares de Europa. Pero aportan un elemento claramente diferenciador, que los sitúa por encima de ellos: el clima, elemento vital e imprescindible, bien para llevar a cabo cualquier tipo de tratamiento, bien para disfrutar de un merecido relax durante las vacaciones. Gracias a nuestro clima podemos afirmar que España es de los pocos balnearios europeos que permanece abierto todo el año.

España cuenta en la actualidad con más de 120 estaciones termales, tan extraordinarias como Archena (Murcia), Lanjarón (Sierra Nevada, Granada), Puente Viesgo (Cantabria), Panticosa (Huesca), Solán de Cabras (Cuenca), Vichy Catalán (Girona), La Toja (Pontevedra), Arnedillo (La Rioja), Cestona (Guipúzcoa)... Centros situados en zonas geográficas tan dispares como la media y la alta montaña, pero también en el litoral marítimo (es el caso del Balneario Titus, en la localidad de Arenys de Mar) o en islas (como el de Pozo de la Salud, en El Hierro), y que, por tanto, ofrecen no sólo paisajes contrapuestos, sino también condiciones climáticas y atractivos turísticos diametralmente distintos.

Son establecimientos de gran calidad en los que disfrutar del placer y la acción curativa de los masajes y los baños termales y, por otra parte, de la paz, tranquilidad y confort proporcionados por instalaciones diseñadas para colmar todas las necesidades: piscinas de aguas termales al aire libre o cubiertas, instalaciones deportivas y servicios médicos exclusivos. Sus aguas-ricas en azufre, cloro, sodio y calcio- dan un magnífico resultado en el tratamiento de muchos trastornos crónicos y en la convalecencia de otros agudos. Son, pues, centros de terapia y esparcimiento a la altura de los mejores del mundo, a los que acudir para recuperar la energía perdida durante todo el año y encontrar la tranquilidad deseada.

Cualquiera de los balnearios españoles es un buen refugio para alejarnos del estrés y las prisas, para dejarnos cuidar y reponer fuerzas. Ahora podemos practicar un turismo de salud que no está reñido con el placer: los mejores hoteles, restaurantes de cocina selecta, acuaterapia en un entorno lúdico, campos de golf y, sobre todo, personal especializado que se ocupará de todo por nosotros. Más no se puede pedir.




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