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Barcelona


El Park Güell: la arquitectura de la naturaleza




Localización

Comunidad autónoma:
Cataluña

Provincia/Isla:
Barcelona

Barcelona


El Park Güell parece sacado de un cuento de hadas. Es un lugar extraño, peculiar, incluso onírico, pero sin duda bello. Un paseo por el parque despierta incluso a las imaginaciones más adormiladas. Las curiosas formas y las atrevidas combinaciones de colores, mezcladas con la vegetación, crean un mundo diferente al que el visitante se siente irremediablemente atraído.

En todos los rincones se percibe la pasión del arquitecto por las formas de la naturaleza. Gaudí quería que la intervención humana en ese bosque se integrase en el paisaje, lo complementase, y sin duda lo consiguió. Caracoles, setas, hojas, flores, troncos o elefantes aparecen constantemente en los mosaicos, en las formas arquitectónicas. Incluso la campana de la chimenea de la casa de los conserjes tiene forma de seta invertida.

Antoni Gaudí representa como pocos el ejemplo del artista adelantado a su tiempo, incomprendido en su época. Fue en gran parte gracias al conde Eusebi Güell, poderoso y visionario industrial, amante de las Bellas Artes, como Gaudí pudo materializar lo que su inquieta cabeza proyectaba. La idea original del Park Güell se gestó en 1900, cuando Eusebi Güell compró una ladera en la montaña del Carmel, que entonces estaba en las afueras de Barcelona, para crear una urbanización que encargó a Gaudí. El propósito era imitar el modelo inglés de ciudad-jardín (de ahí lo de Park), creando unas pocas decenas de viviendas en un entorno idílico, orientadas a personas de alto poder adquisitivo que quisiesen alejarse de la aglomeración e insalubridad de las ciudades. Se construyeron tres kilómetros de caminos, una plaza, escalinatas, el pabellón de los conserjes e incluso una casa-modelo para convencer a posibles clientes. Pasados catorce años, y viendo que el proyecto era un fracaso comercial, se abandonó y se donó al ayuntamiento, que lo convirtió en un parque público.

El bosque de las hadas

Al entrar en el parque nos topamos con una curiosa casita que ya nos previene de que accedemos al mundo de los cuentos de hadas. Era la casa de los conserjes y es ahora la encargada de recibir a los visitantes. Desde allí una escalinata da acceso al recinto, y en ella se encuentra uno de los símbolos del Park Güell y también de Barcelona: el famoso dragón policromo, cubierto de pequeños trozos de baldosas de colores. Esta técnica tan característica de la obra de Gaudí y que se encuentra por todo el parque se conoce como trencadís, y utiliza pedazos irregulares de azulejos y otros materiales como recubrimiento. Los trozos usados provenían de piezas rotas a propósito o de restos de otras construcciones. Muchos de los revestimientos con trencadís fueron obra de Josep Maria Jujol, ayudante y discípulo aventajado de Gaudí.

Al final de la escalinata se accede a la sala Hipòstila, un bosque de piedra formado por 86 columnas y que originalmente estaba destinada a ser el mercado en el que los propietarios pudiesen abastecerse sin necesidad de bajar a la ciudad. Justo encima se encuentra la gran plaza, con unas preciosas vistas sobre Barcelona. Todo el perímetro de la plaza está delimitado por un banco de trazo sinuoso cubierto de trencadís. No solamente el banco serpentea: todos los caminos del parque lo hacen, y también los porches y los viaductos. Como es sabido, la rectitud de las líneas no era muy habitual en la obra del arquitecto catalán.

Ante la falta de compradores, el propio Gaudí adquirió la casa-modelo en 1906, y residió en ella hasta que en 1926 se trasladó a los sótanos de su obra magna: la Sagrada Familia. Actualmente la casa es el Museu Gaudí, en el que se exponen piezas de mobiliario creadas por él así como maquetas, dibujos y otros curiosos objetos personales.

Cuando Gaudí obtuvo el título de arquitecto, Elies Rogent, director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, dijo: "Hemos dado un título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá". El tiempo, sin duda, se ha decantado por la segunda opción y ahí está el Park Güell, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, para demostrarlo.




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