ESPAÑA / CIUDADES TÍMIDAS / CÁDIZ y JEREZ



¿La chispeante y maravillosa Cádiz frente a la animada y sofisticada Jerez? Una difícil decisión, pero como estas ciudades opuestas se encuentran apenas a media hora de distancia, resulta fácil visitarlas a las dos. Entre el puerto rociado de mar y la capital de Jerez sin litoral podemos encontrar reservas naturales, salinas y bosques de pinos, pero son las calles y plazas de estas ciudades a pequeña escala las que muestran el estimulante pulso de la Andalucía occidental, porque ambas han experimentado una enorme regeneración en los últimos años.

La metamorfosis de Cádiz se debió a las celebraciones nacionales del bicentenario de la Constitución Española, redactada aquí en 1812. Incluso sin haberse sometido a un estiramiento facial, la ciudad más antigua de Europa presenta una fascinación mítica sin parangón. Como un signo de puntuación entre el Mediterráneo y el Atlántico, penetra en el océano un puñado de tierra abarrotada de calles estrechas rodeadas de murallas y baluartes. Para evitar que se aleje flotando, un fino brazo de playas de arena coronadas por torres estilizadas de los años 60 y 70 la une a la península, que pronto se verá secundado por el muy esperado puente de carretera La Pepa. La Pepa, el cariñoso apodo de la Constitución, se oye por todas partes. Imponentes puestos de observación Esa luz del Atlántico lavando las blancas fachadas es incomparable, solo encuentra rival en Lisboa, al noroeste, y en cierto modo despierta visiones de hace siglos cuando los galeones volvían balanceándose sobre el océano desde el Nuevo Mundo. Las mercancías que traían a casa a los mercaderes de Cádiz financiaron grandes plazas de ornamentadas mansiones barrocas con balcones voluptuosos, así como 160 torres de observación desde las que los comerciantes oteaban el horizonte en busca de las riquezas que regresaban. Sorprendentemente, 129 de ellas han sobrevivido, estructuras extraordinarias que se asemejan a sillones o garitas de centinelas gigantescas situadas de manera incongruente sobre las azoteas como algunos bloques de construcción infantiles. Se ven mejor desde la azotea de Torre Tavira (www.torretavira.com), una torre barroca en la que 173 peldaños te elevan a través de una demostración de cámara oscura para por fin escudriñar el puzle urbano a sus pies. Gadir y tesoros fenicios Tavira es uno de los puntos más altos del casco antiguo, apenas a una calle de distancia se puede descender a lo que parece el punto más bajo, y sin duda es el primero: Gadir (www.turismo.cadiz .es). Estas excavaciones arqueológicas del asentamiento fenicio original se encuentran muy por debajo (irónicamente) de un teatro completamente nuevo. Aquí, en una penumbra intemporal, sobreviven las paredes de viviendas milenarias, un horno de pan, tinas romanas para el salado de pescado e incluso el conmovedor esqueleto de un gato de 2.800 años. En 2014, tras ocho años de excavaciones, se abrió al público esta evocadora cápsula del tiempo, mejorada por una presentación interactiva en impresionante alta tecnología. Sin embargo, parece que esos fenicios de Tiro (actual Líbano) no se marcharán. Apenas hace dos año se descubrió un tesoro de más de 300 artículos de joyería púnica en tumbas durante las obras de construcción a las puertas de la ciudad. Elaboradas de forma exquisita y al estilo del norte de África, se muestra ahora una selección en el Museo de Cádiz (www.museosdeandalucia.es). Este tesoro se encuentra en una de las plazas más frondosas y encantadoras, la Plaza de Mina. Dentro, además de la joyería, descansan los discutibles artefactos más famosos de Cádiz: dos sarcófagos de mármol, uno masculino y otro femenino, que dormitan desde hace 2500 años. Escaleras arriba, las prolíficas galerías de arte contienen las excepcionales series de monjes de Zurbarán y varias obras maestras barrocas. Hacia el siglo XXI Fuera, a lo largo del ventoso paseo marítimo del norte, paseando entre alargadas palmeras o colosales ficus centenarios, se puede encontrar con facilidad originalidad próxima a nuestra época. Desde una perspectiva arquitectónica, salta a la vista el parador, el llamativo sustituto de cristal del sombrío predecesor de los años 70. Diseñado por los arquitectos madrileños Aranguren y Gallegos, rinde homenaje a la luminosidad y vistas crepusculares de un entorno excepcional, de nuevo abierto para la simbólica fecha de 2012. Junto a él, pronto aparecerá un paseo marítimo elevado que ampliará los exuberantes jardines tropicales del Parque Genovés donde, durante el crepitante pleno verano, conciertos de flamenco se adueñan del teatro al aire libre El arte contemporáneo se une a este salto al futuro en ECCO (Espacio de Creación Contemporánea; eccocadiz.blogspot.com) en los cuarteles del ejército reconvertidos en espaciosas galerías de arte llenas de luz. En contraste, una penumbra de paredes negras acoge la exposición permanente. Titulada El Valle de los Caídos, es una brillante obra del arte pop de los 80 de dos artistas con el nombre colectivo de Costus. Su colaboración acabó de manera trágica en 1989 con el fallecimiento por SIDA de uno de ellos, que incitó al suicidio a su compañero. Solo de vez en cuando se expone arte en el Castillo de Santa Catalina, más allá del parador, pero, aún mejor, esta fortaleza del siglo XVI observa desde arriba la preciosa playa de La Caleta. FIONA DUNLOP Para obtener más información consulte la revista española




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